FeedingArt

Galería FeedingArt | Calle Molino de Viento, 10 Madrid

Elena Rey (izquierda) y Carmen Higueras (derecha). © Marina Fertré.

FeedingArt no es sólo una galería de arte. Es más que eso. Es una ‘Casa de Artistas’. Así es como definen las fundadoras Elena Rey(Madrid, 1971) y Carmen Higueras (Córdoba, 1969), el proyecto que idearon hace un par de años, comiendo un bocata de dos euros en la Plaza de las Comendadoras. Sentadas en un banco de esta pequeña explanada del Barrio de Malasaña, a unos metros del Museo ABC, decidieron dar el gran paso: “Estábamos hablando de la miseria de comer poco y de la pobreza que acompaña al arte muchas veces. Un artista es alguien que ama tanto lo que hace que, al final, su última meta no es el dinero. Entonces tuvimos muy claro lo que queríamos hacer. Sabíamos que el camino estaba lleno de dificultades, pero que merecía la pena”, afirma Elena entrecerrando unos ojos llenos de brillo desde el otro lado de la pequeña mesa de madera lacada en blanco. “Se trata de que convivan unidos el que tiene la necesidad de crear arte y el que tiene la necesidad de disfrutar del arte.Eso es FeedingArt, alimentar el arte, y en especial, alimentar a los artistas, continúa, esbozando una sonrisa mientras cruza una mirada con su socia y amiga Carmen, quién seguidamente aclara el por qué surgió el concepto de ‘Casa de Artistas’: “Queríamos distinguirnos de esas galerías en las que da apuro entrar. Parece que, si no tienes dinero, no tiene sentido de que estés allí”.

FeedingArt abrió sus puertas el 1 de diciembre de 2013, en el número 10 de la calle Molino de Viento, en pleno centro del Barrio de Malasaña. El local, en cambio, llevaba abierto mucho tiempo. “A principios del siglo pasado esto era una carbonería y después fue una bodega” -detalla Carmen- “hace un par de años, cuando nosotras lo encontramos, era un estudio de diseño gráfico y su dueño es hoy nuestro casero”, comenta recorriendo con la vista la sugerente decoración de las paredes: el ladrillo rústico en tono tierra de los muros laterales contrasta con el enlucido blanco de la pared frontal, construida con pilastras de madera distanciadas poco más de un metro.

Carmen está sentada frente a Elena, al otro lado de la mesa, de espaldas a la estrecha fachada acristalada con escaparte de carpintería metálica roja y con la puerta principal que da acceso al primer nivel, donde tiene lugar nuestra entrevista. La sala, de unos cuatro metros de altura, presenta en el techo viguetas vistas de madera envejecida. Esta estancia es la que acoge la mayor parte de las obras de la exposición Outdoors. El resto se encuentran en la planta sótano (todo local de estilo underground que se precie debe tener una), una zona más reservada en la que también tienen lugar las actividades interdisciplinares que organizan semanalmente.

“Realizamos talleres, charlas y presentaciones. También hay conciertos, teatro, poesía y encuentros con escritores. Como ‘Casa de artistas’ damos cabida a todas las disciplinas. Por ejemplo, este fin de semana, del 18 al 20 de diciembre organizamos un mercado benéfico en colaboración con la Asociación Ampara. El 15% de los beneficios se destinarán a esta ONG que trabaja para educar y entretener a niños de madres presidiarias que viven con ellas en la cárcel. Todos los eventos se anuncian en nuestro blog y a través de Facebook, especifica Carmen, orgullosa, como responsable del calendario de actividades y de las funciones técnico-administrativas.

Sala Principal de Exposiciones. Galería Feeding Art. © Marina Fertré
“El resto de las fechas navideñas las celebramos con mercados de arte, donde los artistas pueden venden directamente su obra”, puntualiza Elena, encargada de la relación con los artistas y del comisariado de las exposiciones. Además, sabe por experiencia, el éxito que tienen este tipo de ferias entre las personas que pasean por Malasaña. “He estado tres años vendiendo todos los sábados bisutería cerámica en el mercadillo de la Plaza del Dos de Mayo (a pesar de que mi especialidad es la escultura de gran volumen) y me he dado cuenta de que este barrio está muy unido a la cultura. La gente tiene un interés muy grande por el arte“. 
Por eso, no es casualidad, que Elena y Carmen tuvieran tan claro donde montar su proyecto. “Perseguíamos este barrio desde el principio”, enuncian al unísono. “Desde que estamos nosotras aquí se han creado en los alrededores siete espacios artísticos más. Es un barrio que está creciendo. Un artista amigo nuestro dice que es la removida. Y lo que queda. Esto es la punta del iceberg, exclama Elena. Esta visión tan positiva del mercado del arte, hace que mucha gente le pregunte cómo puede verlo así, a lo que responde: “¿No lo veis? ¿No os dais cuenta de que los artistas están revolucionados? Son toda una vorágine, un huracán que se ha levantado y ha empezado a agitarse”.
En los últimos dos años, la difusión y la apuesta por el arte en la zona ha crecido vertiginosamente. Motivo por el que, también, ha aumentado el equipo de FeedingArt. “Ángela, que es graduada en Bellas Artes, realizó con nosotras sus prácticas del máster en Gestión Cultural. Desde hace seis meses, se encarga de ayudarnos en todas las tareas” -explica Carmen- “También tenemos un poder en la sombra, Mariano, que es la parte financiera y masculina”. Solas hubiese sido muy difícil controlar a los más de quince artistas, procedentes de todas partes de España y algunos puntos del extranjero, que exponen al mes en su galería (más de 300 en todo este tiempo)“Es complicado trabajar con muchos artistas. Por eso, si se ponen las reglas desde el principio, es mucho más fácil” -confiesa Carmen- “Cualquier proyecto se concreta siempre por escrito y, si estamos todos de acuerdo, se firman las condiciones y empezamos a trabajar. Siempre se hace un contrato firmado, lo cual todavía no es muy frecuente en las galerías españolas”.
Galería Feeding Art. © Marina Fertré
Otra característica poco habitual que singulariza a FeedingArt es que no tienen artistas en exclusividad. “Ellos tienen una puerta que abren y cierran. Pueden entrar y salir libremente cuando quieran y crean que se pueden beneficiar. O venir a tomarse un café. Es otro tipo de relación. No queremos ninguna exclusividad con nadie, aclara Elena. Ambas fundadoras son partidarias de no establecer un acuerdo vinculante con el artista porque consideran que la obra de ninguno de ellos les pertenece. “Nos interesa más el trato directo. No creemos en el arte elitista ni nos interesa la especulación. Las obras más caras que hemos tenido en la galería son de unos 5000 euros y son raras excepciones”.  
Y es que el objetivo de FeedingArt es llegar a un público que “compre la obra porque, simplemente, quiera disfrutarla en su casa y no para invertir o porque tiene un nombre detrás o un estilo artístico que va a subir, porque alguien se empeña en que suba”, asegura Elena indignada, ya que para ella los artistas deberían ser los auténticos protagonistas. “Ellos son los que custodian la belleza y, por eso, su labor es crucial”. En su caso particular, los artistas son todavía más importantes aún, ya que colaboran con la sostenibilidad económica del espacio al pagar por exponer su obra. “Intentamos reducir los gastos al mínimo, pero de momento no podemos hacerlo de manera gratuita, desgraciadamente, es imposible -confiesa con voz temblorosa-. Sería estupendo que el día de mañana vendiésemos tanta obra que no necesitásemos cobrarle al artista. Al principio, me daba mucha vergüenza pedir dinero por realizar este trabajo, pero el dinero es algo de lo que no podemos prescindir, sería muy ingenuo. Entiendo que esta condición no la acepte todo el mundo. Es muy lícito que no se quiera pagar por exponer. Pero si uno quiere que este espacio exista y coexistir con él, tiene que realizar esa aportación económica, porque si no, cerramos la puerta y nos vamos a casa”.

Las fundadoras insisten en que esta ‘Casa de Artistas’ solamente funciona si responde a una necesidad real del gremio y que, si no es así, cerrará sus puertas. Aunque tienen claro que van a seguir luchando. Actitud, que no es de extrañar en personas que han dedicado o lo han dejado todo en su vida por el arte. Desde los diecisiete años, Elena ha estado trabajando con pintores y escultores. Comenzó pintando lienzos hasta que, a la edad de veinte años, se apuntó al taller de murales de María Oriza, una de las más prestigiosas escultoras españolas. “Para mí fue un antes y un después. Desde ese día no me pude separar del barrio: conseguí todas esas texturas que yo buscaba y no había podido obtener con ningún otro material”. Sus conocimientos se basan en la experiencia. “No tengo formación académica como tal. Todos los profesionales me aconsejaron que no me metiese en Bellas Artes porque me iban a frenar el talento. Únicamente me inscribí, hace cuatro años, en los cursos de la Escuela Oficial de Cerámica pero no los finalicé. Asistir a clase no va conmigo”. Aunque celebra haber conocido en la Escuela de Cerámica a su socia y compañera.

Carmen, por el contrario, acababa de iniciar su toma de contacto con el sector artístico. Ingeniera informática de profesión, decidió dar un giro radical a su carrera hace cuatro años: “Me dediqué a ejercer durante veinte años en varias empresas hasta que me explotaron las meninges y opté por dejar mi trabajo para ser artista” -comenta con el semblante relajado, como si fuese un acontecimiento de lo más cotidiano-. Sencillamente, te das cuenta de que has agotado un camino. Poco antes había estado en un taller particular y descubrí el gusto por la cerámica. Después, me matriculé en la Escuela Oficial de Cerámica donde conocí a Elena. Desde siempre el arte había formado parte de mi vida, pero fue entonces cuando cobró tanta intensidad que decidí dedicarme enteramente a ello”.

Elena y Carmen comparten por encima de todo su pasión por el arte y por todos aquellos que lo hacen posible. Por eso, aunque presentan trayectorias laborales muy diferentes, coinciden a la hora de contar lo que más aman de su nuevo oficio: “es precioso cuando los artistas nos escriben agradecidos por cómo les tratamos y por el respeto con el que miramos su obra. Es todo un orgullo que nos feliciten” -proclaman con entusiasmo, completamente convencidas de que “sin los artistas, FeedingArt no existiría”.
Sala Principal de Exposiciones. Galería Feeding Art. © Marina Fertré

 

 Galería Feeding Art. © Marina Fertré

 

Galería Feeding Art. © Marina Fertré

 

Sala en Planta Sótano. Galería Feeding Art. © Marina Fertré

 

Sala en Planta Sótano. Galería Feeding Art. © Marina Fertré
Datos de interés:
Horario: De martes a sábado de 11:00 a 14:00 h. y de 18:00 a 21:00 h. Domingos de 11:00 a 14:00h. Cerrado: lunes y martes
Precio: Conoce los precios de los cursos y las actividades en este enlace
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