Ocho Pintores Realistas

Guillemo Bekes, Gran Vía © Cortesía Galería Jorge Alcolea

“Un mismo escenario iluminado de manera diferente expresa una poesía distinta”, afirma el artista Guillermo Bekes (Santa Fe, Argentina, 1972). Y más aún si el escenario encierra la complejidad del paisaje urbano. Porque Bekes, del mismo modo que los otros siete pintores realistas que participan en la colectiva expuesta en la galería Jorge Alcolea hasta el 22 de abril, captura la belleza del instante en sus obras y juega con los infinitos matices que la realidad le ofrece. Por este motivo, aunque la mayoría de ellos lleven trabajando en la misma temática durante años, nunca caen en la monotonía. “Llevo cuatro años pintando Madrid y sigo disfrutando de ello tanto como el madrileño disfruta de su ciudad” -añade el argentino- Madrid tiene la gran ventaja de tener un paisaje urbano muy grato y enormemente pictórico. Veo cuadros por todos lados”.

Y es que los rincones de la capital seducen a muchos de sus artistas, como al madrileño Abraham Calero (Madrid, 1976) que para esta muestra ha realizado tres fotoreconstrucciones que “atrapan la cotidianidad del entorno a lo largo del paso del tiempo”. Porque la singularidad de las piezas de Calero reside en su filosofía cubista “una perspectiva era insuficiente para poder definir una situación, necesitaba diferentes puntos de vista”. Por eso realiza múltiples fotografías de un mismo escenario, que imprime en papeles individuales y une a modo de collage, aplicándole luego una pátina a toda la superficie. Buscaba un envejecimiento de la imagen que expresase la fragilidad del presente”, explica. Una cualidad que logra enfatizar todavía más con la última capa de mezcla de cera de abeja y cera microcristalina administrada con calor. “Cuando el papel se calienta, el pigmento se transforma. Por eso, a pesar de que la obra Pretil de los consejos (2017) sea en blanco y negro, hay manchas de colores amarillentos o verdosos”.

Una serie de fases que son ejemplo del largo proceso de trabajo que esconden muchas de las obras de los artistas realistas, como los escenarios del pintor Mario Pavez (Santiago de Chile, 1974). “Invierto prácticamente el mismo tiempo en la parte de la producción que en pintar el cuadro”. Y es que verdaderamente, la composición de sus imágenes requiere premeditación y gran capacidad para coordinar la multitud de elementos que forman parte de sus barrocas representaciones. “Me inspiro en la estética de la pintura flamenca. Ahora estoy centrando mis investigaciones en dibujar bodegones en primer plano con un escenario de fondo, como hacía Frans Snyders por ejemplo”. Para recrear los distintos ambientes, Pavez realiza en su estudio sesiones de fotos con modelos, que posan según sus directrices para reconstruir su idea mental del cuadro, y obtener así, la imagen que a posteriori trasladará con sumo rigor a un colorido lienzo.

El reportaje fotográfico previo también es fundamental en las representaciones de motos de Carlos Pulido (Toledo, 1967), artista que desde hace siete años está atrapado en el mundo del motor. “Conozco las motos casi como si fuera motero”, afirma. Y no es de extrañar, ya que para poder pintar sus cuadros con minucioso detalle, toma primero un gran número de imágenes. “Asisto a concentraciones de motos para poder realizar fotografías de modelos distintos y capturar las partes de cada una de ellas que me llaman más la atención. No obstante, procuro no hacer primeros planos, sino disparar amplio para no guiarme por la impronta del momento”, precisa. De este modo obtiene la libertad de elegir el encuadre de la imagen que posteriormente pintará, como en esta ocasión, sobre lino. Unas obras en las que destacan “los reflejos, esa distorsión de una imagen en un cromado o en un cristal”, precisamente, lo que más le apasiona al artista de pintar esta temática.

Concurrido está también el espacio que frecuenta la pintora Josefa Medina (Belalcázar, Córdoba, 1966), a pesar de que no se trate de un evento multitudinario, sino del propio taller en el que trabaja. Medina, tiene a su cargo ciento cincuenta alumnos a los que trasmite sus amplios conocimientos de técnicas como la grisalla (empleada en las piezas de esta muestra), mientras va pintando paralelamente el cuadro siendo imitada por sus alumnos: “si siguen el orden que yo les voy diciendo les sale bien. Sólo tienen que prestar más atención a la hora de medir las proporciones. Debido a mi experiencia, me resulta sencillo hacerlo a ojo, pero este es un aspecto complicado”. Y es que Medina aúna una larga trayectoria artística a sus espaldas, especialmente como retratista. “Me apasionan los primeros planos”. Pero no solo retratos de personas, sino también de objetos como los de las zapatillas de ballet expuestos en la sala y que forman parte de su último proyecto. “Desde hace siete meses he comenzado a realizar retratos de diferentes tipos, algunos especialmente femeninos, como los de prendas de lencería. Unas obras cargadas de profunda delicadeza y sofisticación que consigue haciendo uso de la sutileza de las veladuras.

Los objetos cotidianos retratados en primer plano también protagonizarán las obras de Martín Burguillo (Madrid, 1955), aunque en esta ocasión a modo de bodegón. “Toda la composición está muy estudiada. La colocación de los objetos es fundamental. Busco que haya armonía en las gamas de colores y un ritmo interno entre los distintos elementos, precisa. Los conjuntos destacan todavía más al ser retratados sobre un fondo blanco, que le da el toque publicitario, y al dibujar exclusivamente sus sombras interiores. “Así consigo la apariencia de una masa recortada”. Porque sus obras son en realidad abstracciones realistas que están lejos de caer en el preciosismo. Una de las peculiaridades de Burguillo, es que es coleccionista de todos los objetos que las protagonizan (en esta exposición destaca la presencia de las bolsas de regalo). “Algunos se han convertido en fetiches -señala- los he pintado en repetidas ocasiones, y de algún modo, forman ya parte de mi vida”.

Parte de su vida y de la nuestra, porque la virtud de las obras de los artistas realistas es la capacidad de conectar con el público, poniendo el foco en aquellos elementos que construyen nuestra cotidianeidad. Una selección de obras, que junto a los majestuosos retratos de perros de Miguel Macaya (Santander, 1964) y los conjuntos arquitectónicos de Antonio de Irún, completan esta exposición de 24 piezas que, reflejando el entorno desde novedosas ópticas, centran nuestra atención en la belleza de unos detalles que si no fuera por ellos, probablemente, pasarían desapercibidos.

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Izq-Der: Vista de las obras de Martín Burguillo, Abraham Calero y Josefa Medina en la exposición Ocho Pintores Realistas © Marina Fertré
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Vista de las obras de Mario Pavez, izq: Hugo y der: Bodegón con frutas y peces © Marina Fertré
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Vista de obras de Carlos Pulido, izq: HRDK y der: HD Self Portrait © Marina Fertré
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Josefa Medina, Equilibrio I y II (Zapatillas I y II) © Marina Fertré
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Izq: Antonio de Irún, Cúpula de Milán. Der: Abraham Calero, Taller y Centro Electrotécnico de Ingenieros © Marina Fertré