Marlon de Azambuja: “Activo el espacio enfatizando los elementos que ya están presentes”

Marlon de Azambuja en su exposición Campo en Tasman Projects © Marina Fertré

Comisario: Bruno Leitão

“Toda la muestra tiene que ver con una relación física con el arte”, explica Marlon de Azambuja (Porto Alegre, Brasil, 1978) sobre la exposición titulada Campo que acaba de inaugurar en el espacio de Tasman Projects (c/Ferraz, 84). Y es que desde el inicio, el artista incita al espectador a que haga el gesto de un pequeño salto, para iniciar el recorrido por sus obras. Un recorrido que comienza precisamente con este primer acercamiento subversivo a través del que nos adentramos en su pieza Circuito (2018), una monumental estructura -fabricada con madera, enlucida con yeso, y con el acabado grumoso del gotelé- realizada site-specific para esta exposición. La idea de este objeto de forma rectangular redondeada, dos semicírculos unidos por dos segmentos paralelos, nació de su voluntad de “conectar los pasamanos en los extremos para crear un elemento infinito y crear una especie de portal para invitar al espectador a adentrarse en la exposición.

A pesar de que la pieza da la sensación de ser una intervención permanente, durará solo hasta que concluya la exposición el 23 de marzo. Igual que la pieza Estrella (2018), que el artista ha diseñado con 112 placas de escayola que ha extraído una a una de la estructura de perfiles metálicos del techo y que ha agrupado formando una estrella. “El objetivo era remover las placas ‘estrelladas’ para crear una escultura”. Y verdaderamente lo consigue. Nada más entrar en el espacio parece que Circuito ha colisionado con el techo y producido una catástrofe. Aunque las entrañas del edificio se podrán ver solo por un periodo de tiempo determinado. La intervención en el espacio es temporal, y Estrella dejará en mes y medio de hacer el papel de escultura para volver a ejercer su función constructiva. Porque esta pieza de Marlon obedece a “un ‘momento’ ready-made”, afirma.

Entre estas dos obras, se hallan otras dos. Por un lado, la serie fotográfica Potencial escultórico (2008), una de las más antiguas de esta selección de trabajos realizados entre 2007 y 2018, donde se ilustran algunas de las intervenciones creadas por el artista en distintos puntos del centro de Madrid (Paseo de la Castellana, Alonso Martínez, Calle Luchana…) dos años después de afincarse en España. “Empecé a realizar estas obras para activar el espacio enfatizando elementos que ya estaban presentes”. Así fue como comenzó a jugar con el mobiliario urbano, las bocas de las alcantarillas, las barandillas, llamando la atención de los transeúntes sobre detalles que normalmente pasan desapercibidos, a la vez que potenciaba un nuevo modo de mirar. “La relación de las personas con estas alteraciones ínfimas fue muy especial para mí”, confiesa. Aunque la mayoría de ellas duraban solo uno o dos días, hubo algunas que se integraron tan bien en el espacio que llegaron a durar un mes, incluso a pesar de haberlas hecho sin permiso.

Por otro lado, justo en la pared de enfrente, pueden contemplarse las tres pantallas que proyectan su obra Movimiento Concreto (2009) -subyace de un modo irónico el título Movimiento del hormigón-, cada una de las cuales reproduce 7 vídeos uno detrás de otro de manera continua (aunque en esta ocasión el número de pantallas sea tres, éste varía en función de las dimensiones del espacio. También ha montado la pieza con siete o con 21 pantallas). Los 21 vídeos son en realidad loops de un minuto protagonizados por los gigantescos edificios de la Avenida Paulista (São Paulo, Brasil). A partir de esta grabación en la que se muestran primeros planos de las torres más altas y de aspecto más fálico, los vídeos están grabados cámara en mano ejecutando un movimiento que recrea una masturbación con los distintos edificios, algunos de ellos centros culturales. El artista representó con una mirada ácida a través de esta obra la ‘arquitectura del poder’, asociada en numerosas ocasiones a la especulación y al derroche, que vivió la arquitectura en aquella época. “Todo el mundo quería ser arquitecto. Eran como dioses”, comenta.

La faceta más íntima del artista se descubre en la exposición de la mano de su pieza Lecciones de pintura. Una serie de más de 200 obras sobre papel que continúa in progress. “Probablemente hasta que llegue a las mil”, anuncia.  Las piezas que se encuentran colgadas en una pequeña sala adyacente, al fondo del espacio, están creadas a partir de unas plantillas de dibujo. A lo largo de estos años el artista ha ido coleccionando un gran número de ellas de manera obsesiva y las va aniquilando progresivamente al pintarlas con spray para proyectar sus contornos sobre el papel. “Es como obtener el retrato de dicha plantilla. Quería librarme de la colección, pero ahora las sigo coleccionando para hacer las pinturas. Es una obra de mi propiedad que continúa en crecimiento”. Las obras llaman la atención a primera vista por sus vivos colores, que Marlon elige de manera rigurosa siguiendo el color original de la plantilla. “Las tengo incluso catalogadas”. El proyecto le recuerda a las colecciones de los antiguos herbarios de los botánicos que “debían matar la planta para obtener y conservar el recuerdo”.

Por último, la exposición nos permite conocer un adelanto de uno de los proyectos en los que está trabajando actualmente, Atlas. Este conjunto escultórico está concebido como “el ensayo de una gran obra que quiero hacer”, anuncia. En el interior de una vitrina se recogen varias réplicas de los soportes de las esculturas de la colección de arqueología del Museo Metropolitano de Nueva York. “Las proporciones están obtenidas a través de mediciones realizadas con fotografías. No son exactas. Lo que me interesaba era que partieran del punto de vista del espectador”. Las pequeñas estructuras son un tributo a la belleza de estos antiguos soportes, que el artista pinta del mismo color que los originales, que a su vez tienen el mismo color que la pieza que soportan. “Tienen una vocación escultural muy especial y una gran belleza estética”, afirma. Además, Marlon también quiere tratar el tema de la ausencia de los objetos y abrir el debate a los expolios. “Es una forma de descubrir cómo creamos historia y por qué determinadas obras están en un museo en concreto”. Y es que como afirma el comisario de la muestra, Bruno Leitão, en la obra de Marlon siempre subyace su afán por realizar “una arqueología del presente”.

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Marlon de Azambuja, Circuito (2018) © Marina Fertré
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Marlon de Azambuja, Circuito (2018) © Marina Fertré
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Marlon de Azambuja, Estrella (2018) © Marina Fertré
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Marlon de Azambuja, Potencial escultórico (2008) © Marina Fertré
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Marlon de Azambuja, Movimiento Concreto (2009) © Marina Fertré
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Marlon de Azambuja, Lecciones de arte (in progress) © Marina Fertré
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Marlon de Azambuja, Atlas (in progress) © Marina Fertré