Derain, Balthus y Giacometti. Una amistad entre artistas 

Comisaria: Jacqueline Munck

La exposiciónDerain, Balthus y Giacometti. Una amistad entre artistas en la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre no sigue un relato canónico. Ni por la selección de obras, ni por los artistas. Si hace año y medio pudimos contemplar en esta misma sala a Derain junto a Les fauves, los protagonistas de la corriente con la que alcanzó la fama y el reconocimiento; en esta ocasión, tenemos la oportunidad de ver sus obras desde una óptica que deja de lado los ‘ismos’, en virtud de desarrollar una lectura alternativa de la historia del arte que tiene como punto de partida el vínculo intelectual y afectivo de los artistas indicados en el título recién mencionado: Derain (1880-1954), Balthus (1908-2001) y Giacometti (1901-1966).

Nos encontramos, por tanto, ante una recopilación por y para el disfrute, integrada por más de 200 piezas -entre pinturas, dibujos, esculturas y fotografías- que podrán contemplarse hasta el 6 de mayo. En esta muestra resulta especialmente interesante prestar atención a las permanentes conexiones que se pueden establecer entre las obras de estos tres artistas que compartieron inquietudes entre los años treinta y sesenta del siglo pasado. A pesar de que a Derain le separaban dos generaciones de Balthus y Giacometti, les unió su atracción por los antiguos maestros, las artes no occidentales y los primitivismos, aunque cada uno de ellos trasladó estas influencias a sus obras con un lenguaje completamente distinto y un estilo propio.

Ya en 1911, Derain había producido obras como El gaitero (1910-1911), que evidenciaba un punto de inflexión en su arte en cuanto a sus referencias culturales y a su modo de representarlas. El artista volvía al Occidente medieval utilizando elementos iconográficos de la pintura italiana del siglo XV. La Edad Media e Italia también dejarán poso en Balthus cuando en 1926 viaja a la Toscana para copiar con suma libertad en sus lienzos los frescos que Piero della Francesca había realizado en la Iglesia de San Francesco de Arezzo. Varios de estos ejemplares pueden contemplarse en la sala de la primera planta, en la que encontraremos también las esbeltas esculturas de Giacometti, entre las que destaca Mujer que camina (1932-1934), y sus dibujos a tinta, lápiz o bolígrafo de copias de esculturas egipcias, griegas y de maestros del Renacimiento como Miguel Ángel o Donatello.

En esta misma planta se muestra además una selección de bodegones de los tres artistas. Los de Derain prestan especial atención a las acciones cotidianas, que han sido magnificadas con dosis de melancolía y misterio, como se aprecia en su obra Geneviève con manzana (1937-1938). De Balthus destaca Bodegón con una figura (La merienda) (1940), tratado a la manera de los grandes pintores flamencos. El tiempo parece quedar suspendido en aquel inquietante escenario en el que una figura andrógina se apoya sobre una mesa en la que hay un pan con un cuchillo, una copa de vino y unas manzanas que parecen flotar sobre un frutero. La luminosidad y los vivos colores de Balthus contrastan con los tonos oscuros y pastel de los bodegones de Giacometti, del que solo se pueden ver dos ejemplos.

La exposición continúa en la primera planta con una sección dedicada a los retratos, en la que advertimos que los artistas tenían predilección por pintar a las mismas modelos, como la inglesa Isabel Rawsthorne (después Isabel Lambert), llevada al lienzo por Derain de manera más fidedigna y por Giacometti con su característico modo hierático. Estas obras darán paso a la sala más pomposa de la exposición Entreacto, que contiene una abundante selección de obras sobre papel de pequeño formato que ilustran diseños de figurines y decorados para ballet y teatro. Entre otros se pueden admirar los que Balthus hizo para obras como Los Cenci del ‘Teatro de la crueldad’ de Antonin Artaud en 1935, y el trabajo de Derain para obras como El Barbero de Sevilla de Rossini, representada en el Festival d’art lyrique d’Aix en Provenza en 1953. El contacto de Giacometti con el teatro se produjo a través del dramaturgo Samuel Beckett, quien le propuso en 1961 el diseño del decorado minimalista, un único árbol, de su obra Esperando a Godot. En la sala pueden verse una fotografía de ellos dos y otra de la representación que tuvo lugar el día 3 de mayo de ese mismo año. Además, junto a estas imágenes podremos encontrar un bello ajedrez de terracota esmaltada hecho también por Giacometti.

La última parte del recorrido se ha destinado a las obras que guardan relación el sueño y que tienen como protagonista a la mujer recostada, desnuda en la mayoría de las ocasiones. Seguidamente a estos trabajos se exhibe una selección de esculturas y cuadros que reflejan visiblemente la compleja relación que los artistas mantienen con la realidad. Una de las piezas más conmovedoras es la escultura El hombre que se tambalea (1950) realizada en bronce por Giacometti, en la que parece hacerse tangible la fragilidad humana. Un gran cierre para esta exposición que ha sabido acoger en armonía las obras de tres grandes artistas, sin miedo a dejar de lado la visión formalista de la historia del arte.

1-Derain
André Derain, El gaitero (1910-1911) © Cortesía Fundación Mapfre
dos-Derain
André Derain, Geneviève con manzana (1937-1938) © Cortesía Fundación Mapfre
dos-Balthus
Balthus, Bodegón con una figura (La merienda) (1940) © Cortesía Fundación Mapfre
1-Giacometti
Alberto Giacometti, Isabel en el estudio (1949) © Cortesía Fundación Mapfre
tres-Derain
André Derain, Isabel Lambert (1935-1939) © Cortesía Fundación Mapfre
dos-Giacometti
Alberto Giacometti, El hombre que se tambalea (1950) © Cortesía Fundación Mapfre