Gabriela Bettini, Zona de contacto

Grabriela Bettini en su exposición Zona de contacto en Tasman Projects © Marina Fertré

Comisarios: Manuela Pedrón Nicolau y Jaime González Cela

El trabajo artístico de Gabriela Bettini (Madrid, 1977) responde a la representación de sus preguntas. Sus piezas son fruto de una investigación continuada que no cesa al finalizar un proyecto, sino que son ramas de un único tronco que imbrica cada obra de su trayectoria. La memoria (y con ella, el recuerdo y la posmemoria), su vínculo con América Latina y su preocupación por las causas sociales, son los componentes principales del sustrato que va generando, capa a capa, cada una de sus pinceladas. En Madrid, ya hemos podido contemplar su trabajo de manera individual en dos ocasiones en la galería Silvestre (que la representa actualmente) y, hasta el 30 de marzo, podemos volver a verlo en la capital de la mano del espacio Tasman Projects (calle Ferraz, 84) y el comisariado de Manuela Pedrón Nicolau y Jaime González Cela. La muestra reúne una selección de diez obras que abarcan toda su trayectoria, desde sus dos piezas más recientes, preparadas ex profeso para este espacio, hasta una de su primera serie, Recuerdos inventados (2003), que realizó pocos meses después de finalizar sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.

La aparente inocencia de las pinturas al óleo de Bettini esconde “una importante reflexión sobre el lugar como testimonio de conflictos”, afirma la artista. Basta profundizar en la procedencia del título de la exposición, Zona de contacto, para darnos cuenta de que sus trazos no tienen nada de ingenuos. Su traducción al inglés, Contact Zone, evoca el término acuñado por la investigadora canadiense Mary Louise Pratt en su artículo Arts of the Contact Zone de 1991, para referirse a aquellos territorios en los que sus individuos establecen relaciones desiguales de poder como consecuencia de la represión producida por la ocupación, la explotación y el dominio, característicos de los procesos de colonización, que en este caso ponen el punto de mira en los países de América Latina. Actualmente, esas relaciones de conflicto continúan bajo la pérdida identitaria que provoca el neoliberalismo descontrolado, capaz de despojar a cada país de su cultura y sus recursos naturales. Una situación que la artista denuncia inspirándose en lecturas como Los monocultivos de la mente, en la que la escritora Vandana Shiva hace un paralelismo entre la práctica colonialista del monocultivo intensivo y la de una cultura que se importa, se instala y va aniquilando los saberes locales”.

Bajo este pretexto, Bettini construye los dípticos de la serie Primavera silenciosa (2018), pintando en un lienzo las especies propias de estas extensas plantaciones, como la soja, la palma aceitera y la caña de azúcar, y en el otro, las de la flora autóctona de Sudamérica, tomando como modelo las ilustraciones botánicas que la naturalista alemana Maria Sibylla Merian (1647-1717) realizó sobre los insectos y la vegetación tropical de Surinam, antigua colonia holandesa. Además, sobre estas últimas proyecta una mancha monocroma que “ensombrece y contamina la naturaleza” y que tiene el mismo tamaño que el lienzo del monocultivo, responsable de esta problemática. Hasta ahora los lienzos de los dípticos se habían presentado colgados en la pared, uno al lado del otro. Sin embargo, los de las dos piezas inéditas que se exhiben en la planta baja de Tasman Projects están unidos por el reverso y apoyados sobre el suelo, invitando al espectador a que los rodee para descubrir la “doble cara” de estos paisajes.

En la primera planta, encontramos obras que pertenecen a series anteriores de Bettini: La memoria de los intentos (2016) y Paisajes de excepción (2017), en las que la artista retrata, tras su conmoción por el asesinato de la hondureña Berta Cáceres, lugares que han sido testigo de feminicidios de activistas medioambientales. En la primera serie, las yuxtapone con pinturas que son una reinterpretación de las del holandés Frans Post (1612- 1680), uno de los primeros europeos de la historia en viajar a Sudamérica para pintar sus paisajes y, en la segunda, con las de las imágenes de la naturaleza que aparecen en las páginas web de las empresas extractivistas de la zona. En ambos casos “quería pintar estos paisajes juntos y que realmente no se supiera cuál es cuál porque, aunque sus imágenes resultan muy parecidas, en el sentido de que visualmente son bastante idílicas, tienen un trasfondo trágico completamente distinto”, confiesa.

América Latina también está presente en la última pieza de la exposición, una fotografía en blanco y negro perteneciente a la serie Recuerdos inventados (2003). “Esta imagen explica desde qué lugar hablo y cómo me relaciono con todas las cuestiones que estoy planteando”. Es una obra de naturaleza más íntima, repleta de referencias autobiográficas, que también esconde una gran tragedia. En ella, Bettini recrea un encuentro con su abuelo, desaparecido en la dictadura de Videla en Argentina, junto a su tío y otros tres miembros de su familia. “En esta serie creé situaciones inventadas, imposibles, con personas de mi familia con las que podía haber entablado una relación si el terrorismo de Estado no hubiera acabado con sus vidas”. Y es que las obras de Bettini, nunca son lo que parecen. En cada una de ellas colisionan espacios y tiempos distintos dando lugar a esas Zonas de contacto en las que reina el conflicto. Sus bellos paisajes se vuelven inquietantes al conocer las catástrofes que los habitan. Situaciones invisibilizadas que Bettini tiene el valor de desenterrar, capa a capa, con cada una de sus pinceladas.

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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Cortesía Tasman Projects
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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Marina Fertré
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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Marina Fertré
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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Marina Fertré
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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Marina Fertré
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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Marina Fertré
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Vista de la exposición Zona de contacto de Gariela Bettini © Marina Fertré