Entrevista a Alfonso de la Torre, comisario de la expo de Carmen Calvo

Alfonso de la Torre, Comisario de la exposición de Carmen Calvo: Todo procede de la sinrazón

En 1995, la artista Carmen Calvo (Valencia, 1950) y el comisario Alfonso de la Torre iniciaron una relación de amistad, que veintiún años después desembocaría en el tangible éxito de Todo procede de la sinrazón. La mayor exposición jamás dedicada a la trayectoria artística de Calvo, que permite revisar de manera transversal los 50 años de su carrera a lo largo de un recorrido, que De la Torre diseña, por 77 de sus obras más representativas, entre pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones.

Hasta el 29 de enero de 2017 podrá contemplarse en la Sala Alcalá 31 esta gran muestra, estructurada en cinco capítulos, para la que han sido necesarios año y medio de trabajo y 31 operarios para su montaje durante diez días consecutivos, incluidos sábados y domingos”. Último dato desvelado a Expoartemadrid por Alfonso de la Torre en la siguiente entrevista destinada a profundizar en los detalles de una exposición con la que, por fin, se celebra la consolidada carrera del Premio Nacional de Artes Plásticas 2013.

EXPOARTEMADRID: ¿Por qué es la pintura figurativa de ‘Escenas de caza’ de 1969 la obra encargada de abrir la exposición?
Alfonso de la Torre: Carmen decidió ser una artista de imágenes incómodas. Por eso, es importante que desde el primer momento el espectador se vea obligado a contemplar una pintura perturbadora. La escena retratada es dura, en ella no hay nada complaciente. Un cazador sostiene por la cabellera a una mujer sin brazos, completamente desnuda. Con un tratamiento técnico de la obra deliberadamente torpe, Carmen reproduce la cruda realidad de la mujer vapuleada y convertida en objeto. En definitiva, hace alusión a todas las dificultades y a la represión sufrida por las mujeres, especialmente, en aquella época de finales de los 60.

EAM: ¿Los objetos son el recuerdo de la experiencia vital de Carmen?
AT: Son siempre objetos vividos que le pertenecen, bien por su construcción (crea objetos inexistentes a partir de sistemas de moldeo y vaciado) o bien porque han formado parte de su vida, como el traje de su primera comunión o las fotos de su familia que encontramos en algunas piezas. Ella es la que lleva a cabo la tarea de enfrentarse en solitario al inconmensurable mundo de los objetos. Siempre son de su propia elección, jamás admite regalos para sus obras.

EAM: ¿Esos objetos hacen referencia a un tiempo que fue o que está transcurriendo?
AT: Hablan de aquello que decía Borges en su poema Las cosas: “Durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido”. Al final, esos objetos son depósitos de memoria, de ella misma o de otros y, sorprendentemente, también forman parte de la nuestra porque nos son familiares. Por ejemplo, una señora con alzhéimer al contemplar uno de los elementos de Autorretrato (1994), comenzó a evocar recuerdos del día de su boda. Era la misma plancha que había utilizado para alisar su vestido de novia. Resulta fascinante comprobar cómo la visualización de un objeto puede activar resortes de la memoria que habían estado paralizados durante años.

EAM: ¿Esa acumulación de objetos esconde un miedo al olvido?
AT: Carmen se mueve entre dos extremos: la acumulación (barroquismo) y la síntesis (el objeto desolado). Quizás, el detonante de esta acumulación es más bien el desasosiego. Un sentimiento de intranquilidad que alcanza su culmen en la instalación de la Bienal, titulada Una conversación (1996-97). En esencia, el recorrido completo muestra el conjunto de sus obsesiones a través de los elementos que constituyen su obra. Sin lugar a dudas, el más simbólico de toda su producción es el pelo, al que se le dedica un apartado completo en la exposición.

EAM: ¿Reivindica Carmen con los mechones de pelo la voz de unas identidades silenciadas?
AT: El pelo hace referencia a la mujer vulnerada e, indudablemente, va asociado a esa serie de imágenes incómodas, ya que se convierte en un elemento de estupefacción y de horror cuando no se encuentra en la cabellera. Es un resto corpóreo que nos resulta repulsivo encontrar (en la comida, en la cama,…) cuando no nos pertenece. No obstante, también es un poderoso símbolo de la identidad y Carmen ha sido reivindicativa, precisamente, por utilizarlo, como el resto de los elementos, desde una actitud desplazada. Es decir, que los grandes temas que trata no afectan a personas de un determinado contexto sino a toda la humanidad.

EAM: Como ha mencionado antes, contemplar la instalación Una conversación es el clímax de la exposición. Más allá de la intención de la autora, ¿con quién cree que conversa la obra de Carmen Calvo?
AT: Con nadie. Es una pieza verdaderamente singular. Precisamente, señalo de Carmen que es una mujer sola, como todos los artistas que elevan su creación en medio del ruido del mundo. Realizan un acto de resistencia en solitario. Sus obras, en cierto modo, son un gesto de solidaridad porque el dolor, las injusticias, la infancia o la vejez nos pertenecen a todos. Además, hay que destacar el enorme esfuerzo que ha desplegado a lo largo de toda su trayectoria al crear formatos de gran volumen y hacer uso de pesados materiales.

EAM: Para realizar una retrospectiva de este calibre, ¿es necesario conocer en profundidad no solo la obra del artista, sino también su personalidad?
AT: Para poder comisariar una exposición, además del esfuerzo, trabajo y dedicación, es fundamental sentir admiración por el artista y su obra. Es imposible realizar este trabajo de manera superficial. Uno tiene que empatizar con las piezas y convertirse a la vez en un frío analista para poder trazar el hilo conductor de la exposición. En este caso era necesario, diseñar un recorrido canónico (el seguido en las visitas guiadas) pero a la vez impuro, como las obras de Carmen, con caminos que se cruzan. También, se dan las explicaciones justas, porque me parece interesante que haya mensajes ocultos que inciten al devenir de un discurso más poético que técnico.

EAM: ¿Guardan los objetos un riguroso orden de colocación?
AT: Sí, claro. Por ejemplo, Estantería (1990) de la Fundación Suñol está croquizada al detalle. Hay fotografías individuales en las que se detallan los objetos a colocar en cada estante. Si bien es cierto que, en piezas como Una Conversación, la colocación de los elementos es diferente a la de la Bienal porque en la producción de Carmen existe el concepto de la Opera Aperta. Lo mismo ocurre en la instalación de los cuchillos, Silencio (1995). En estos casos hay un esquema general establecido, pero el resto de la distribución es diferente.

EAM: ¿Cuál ha sido la reacción de Carmen al ver reunidas obras de sus 50 años de trayectoria?
AT: Carmen está profundamente emocionada. Creo que lo que más impacto le ha causado es verse a sí misma como una trabajadora concienzuda del arte y volver a encontrarse con el enorme esfuerzo que ha significado el vivir como creadora y el haber podido desarrollar su carrera. Al final, un artista nunca se jubila y Carmen asegura que, a pesar de cumplir los 67 años en 2017, continuará haciendo arte durante el resto de su vida.

EAM: Para concluir, ¿por qué debe el público visitar esta exposición?
AT: Porque no deja indiferente. Sus temas nos tocan a todos. Cuando una mujer, sea de la edad que sea, entra en la sala y ve la imagen de ese cuadro con un cazador sujetando a una mujer por la cabellera, no hace falta explicar nada más. Son piezas que hablan de la condición humana y de esa jungla que es el vivir.

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Carmen Calvo, Sin Título (1969)
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Carmen Calvo, Silencio (1995) © Marina Fertré
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Carmen Calvo, Las Amigas (1996) © Marina Fertré
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Vista la exposición Todo procede de la sinrazón de Carmen Calvo en Sala Alcalá 31 © Marina Fertré
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Vista la exposición Todo procede de la sinrazón de Carmen Calvo en Sala Alcalá 31 © Marina Fertré
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Carmen Calvo, Una conversación (1996-1997) © Marina Fertré
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Carmen Calvo, Grave pasión encantadora (2014) © Marina Fertré
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Vista la exposición Todo procede de la sinrazón de Carmen Calvo en Sala Alcalá 31 © Marina Fertré
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Carmen Calvo, Interv(alo) (1998) © Marina Fertré
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Alfonso de la Torre y Carmen Calvo durante el montaje de la exposición en Sala Alcalá 31