Pipo Hernández Rivero: “Quiero romper el tópico de que el arte tiene su sitio”

Pipo Hernández Rivero en la exposición Lounge © Cortesía NF Galería

“Tienes razón”. Con estas palabras nos da la bienvenida una de las obras que integran la segunda exposición del pintor Pipo Hernández Rivero (Gran Canaria, 1966) en la galería NF. “¿Te parece una mierda? Tienes razón. ¿Te parece fantástica? Tienes razón. ¿Hay que pegarle un martillazo? Tienes razón. ¿Es un chiste fácil? Tienes razón. Lo que más me interesa de esta pieza es que su insumisión enunciativa se convierte precisamente en su aspecto más subversivo“, afirma Hernández Rivero sobre esta escultura figurativa colgada en la pared que representa una caricatura del objeto cuadro y una crítica hacia “aquellos que entienden que las obras de arte tienen que estar domesticadas y que solo son dignas de existir si se adecuan a sus parámetros de entendimiento”. Esta actitud crítica combinada con un marcado tono paródico va a ser la que presida Lounge, la exposición que mostrará hasta mediados de noviembre los trabajos más recientes del artista.

El título hace referencia a la apariencia doméstica que a nivel formal presentan las obras, en las que los azulejos, las bayetas o los cojines son algunos de sus protagonistas. Sin embargo, descubrimos que esta muestra poco tiene que ver con la comodidad en cuanto nos adentramos en su marco conceptual. Es entonces cuando salen a la luz las referencias a distintas personalidades de la historia del arte, la retórica anti-vanguardista o la desacralización de la concepción canónica de autoría a través de la introducción de la otredad, del reconocimiento del otro por aportación o por suplantación de identidades. Además, es preciso tener en cuenta que las ocho piezas de esta selección pueden concebirse de manera independiente respecto a las demás, ya que cada una es en realidad el germen de un desarrollo que ofrece muchas posibilidades a nivel sintáctico. “No quiero dar un discurso lineal, sino perimetral”, precisa Hernández Rivero que se declara afín a esta pretensión que bebe del espíritu dadaísta.

No obstante, todas ellas comparten su preocupación como pintor del siglo XXI: “el cómo demonios puedo arreglármelas para seguir pensando en posibilidades para una pintura que opere con alguna pujanza en el debate técnico contemporáneo que la asiste“. Por este motivo, el artista no deja de hacerse preguntas en el proceso compositivo de su trabajo ni de dialogar con un variado número de personalidades del mundo del arte, la literatura, la filosofía o el cine. Algunos ejemplos son las obras Archipiélago Manzoni (2018) y Víctor y la playa (2018). En la primera de ellas convive una copia que el artista realizó de la pintura En los pantanos de Pontine (1851) de Arnold Böcklin colocada del revés -como guiño a la escultura Un pedestal para el mundo de Piero Manzoni– con los fragmentos de páginas del famoso libro Antiborges cubiertos parcialmente por pintura negra e insertados entre las ranuras de una superficie de azulejos. En la segunda instalación, encontramos entre sus componentes una escultura de un libro ilustrado con un yate de lujo que el artista ha titulado Sein und Zeit, y cuya autoría ha atribuido al actor Victor Mature, en lugar de a Martin Heidegger, creando una versión delirante.

Junto a sus propias asociaciones, a Hernández Rivero le interesa incluir la otredad en sus trabajos usando como recurso los referentes de los que le rodean. Ejemplo de ello es su instalación Terraza 2 (2018) -variante vertical de Terraza 1 expuesta el año pasado en Berlín- conformada por una serie de módulos rectangulares de madera lijada. En el centro de cada uno de ellos puede leerse inscrita la frase: “How would … do it? [¿Cómo lo haría …?]” El artista se ha inspirado en la célebre cita del cuadro que el director de cine Billy Wilder tenía en su despacho: “How would Lubitsch do it?” (en referencia a su admirado maestro Ernst Lubitsch), aunque en su caso ha optado por dejar en blanco el hueco del nombre para hacer que sus conocidos sean los que lo rellenen. Al entregarles los módulos todos los identificaron inmediatamente con un objeto cuadro para exposición en galería y les entró una relación muy tensional con la pieza, por aquello que se suponía que tenían que poner. Cuando me los devolvieron comprobé que ninguno de ellos había escrito un nombre del territorio de sus propios afectos. Nadie había preguntado, ¿cómo lo haría mi tía María? Todos habían puesto a un héroe de su panteón cultural. Habían marcado una distancia con la obra. No digo que esto sea ni mejor ni peor, simplemente es un comportamiento curioso”.

Otras relaciones que también explora Hernández Rivero en esta exposición son las que entablan los distintos elementos dentro de la propia obra, como puede apreciarse claramente en las cuatro piezas de la serie Lounge, que comparten título con la muestra. En ellas, el pintor incorpora el objeto cuadro, inspirado en el dibujo de los lienzos de Philip Guston (fácilmente reconocible por los clavos de tamaño exagerado que fijan el lienzo al bastidor), y lo coloca sobre una superficie de azulejos blancos enmarcada en madera que simula una pared, estableciendo con ella una relación no funcional. “Es un cuadro en una relación de fuera de campo. Quiero jugar a romper el tópico de que el arte tiene su sitio, especialmente, en la dimensión del intramuro del coleccionista“. Además, ha colocado bayetas de colores entre los azulejos y el contorno del marco para introducir de manera satírica los campos de color propios de las pinturas minimalistas. El resultado final es “un cuadro de naturaleza muerta de piezas de colección”.

La decisión de incorporar el azulejo como material protagonista de estas piezas -y de casi todas las de la exposición- responde en origen a la pregunta de “cuál era la pared que quería desfuncionalizar”. Finalmente, optó por la del azulejo blanco brillante de forma rectangular porque “me ofreció más posibilidades de juego. Se podía asociar con todas las utopías de pureza, con el Blanco sobre blanco de Kazimir Malévich y con el pensamiento de aquellos esencialistas pictóricos en repliegue hasta Mitsuo Miura”. Otro elemento habitual en las obras de Hernández Rivero es la luz. De hecho, su primera exposición en la galería en el año 2014, titulada Luz de Occidente, estaba protagonizada por una gran instalación de fluorescentes. En esta muestra también hallaremos luz procedente de fluorescentes y, como novedad, a modo de caja de color en su obra Stripper (2018), donde mantiene un diálogo con el minimalista estadounidense Frank Stella. Ante este variado despliegue de objetos pintados y luminosos es inevitable salir de la exposición sin preguntarse ¿qué es la pintura? y ¿dónde está? Como sugiere Hernández: “A lo mejor la pintura está por defecto o a lo mejor por ausencia”. De fondo se escucha: “Tienes razón”.

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Pipo Hernández Rivero, Tienes razón (2018) © Marina Fertré
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Pipo Hernández Rivero, Archipiélago Manzoni (2018) © Marina Fertré
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Pipo Hernández Rivero, Detalle Archipiélago Manzoni (2018) © Marina Fertré
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Pipo Hernández Rivero, Victor y la playa (2018) © Cortesía Galería NF
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Pipo Hernández Rivero, Terraza 2 (2018) © Marina Fertré
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Pipo Hernández Rivero, Detalle de Terraza 2 (2018) © Cortesía Galería NF
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Pipo Hernández Rivero, Vista de la serie Lounge (2018) © Cortesía Galería NF
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Pipo Hernández Rivero, Stripper (2018) © Marina Fertré
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Vista de la exposición Lounge de Pipo Hernández Rivero © Cortesía Galería NF